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Formas de celebrar el cumpleaños de los niños

Para los que me seguís en  Facebook habréis visto que he destacado una noticia en la que el juez Calatayud hablaba, como ahora estamos en tiempo de Comuniones, del gran despliegue económico que supone actualmente para las familias. En mi caso, todavía me quedan unos años para pensar en eso, pero creo que algunas de sus conclusiones son extrapolables a los cumpleaños de nuestros peques.

Vaya por delante que soy super fan de los cumpleaños. Soy de esas personas que opinan que hay que celebrar todo lo celebrable. Así que en casa celebramos cumples, santos, aniversarios de boda, de compromiso, el día del padre, de la madre,  y un largo etcétera. Pero es verdad que soy de las que opinan que los cumpleaños de nuestros vástagos están adquiriendo una dimensión de celebrity de photocall.

Recuerdo el primer año que celebramos el cumple de Enrique con sus amigos. La verdad es que me resistí a buscar un sitio de celebraciones, tipo parque de bolas y derivados. Cumplía 4 años y creo que, porque nos recordaba a nuestra infancia no tan lejana, decidimos celebrarlo en casa. Hace tres años los dibujos de Jake el Pirata eran los favoritos de mi mayor, así que decoramos el salón de casa en temática pirata. Hicimos la típica merienda de cumple de toda la vida, con ganchitos, aceitunas y, como no, sandwiches de nocilla. A tenor de cómo quedó la casa, creo que los peque-invitados se lo pasaron genial y nosotros necesitamos cuidados intensivos tras recoger la casa.

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Cuando Enrique cumplió 5 años, las mellizas estaban a punto de nacer, así que no hubo celebración con amiguitos, sólo con la familia más cercana. Pero este año, que ha cumplido 6 años, en cierto modo nos hemos querido desquitar y ha celebrado el cumple con toda la clase y con otros cumpleañeros. Es verdad que Enriquillo se lo pasó genial. Tuvieron de todo: taller de manualidades, juegos, disfraces, parque de bolas, merienda, piñata y miles de cosas más. Además, los papás recibimos también un vídeo que ya lo querría Spielberg. Y es cierto, el cumple estuvo genial pero, no creo que repita la experiencia (bueno, nunca digas nunca), pero es lo que pienso a día de hoy.

En este sentido creo que, a veces, los papás perdemos un poco la cabeza. Son nuestros hijos y queremos darles todo y más. Pero,  en este camino de la educación, a veces el menos les va a aportar mucho más. Yo no sé vosotros, en mi caso, mientras fui pequeña celebré los cumpleaños con mis amigas en casa con una merienda preparada por mi madre. No invitaba a las 40 niñas de clase, ni había sesiones de magia ni show-cooking, pero nos lo pasábamos genial.

Y, echando la vista atrás para recordar los cumples que hemos organizado para nuestro mayor, creo que me quedo con los cumples celebrados en casa-salón social. Que sí, que después te queda la casa hecha un desastre, que seguramente maldeciré en arameo alguna vez, pero seguro que esos cumpleaños se quedan en la memoria de mi peque, al igual que se han quedado los míos.

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Las cenas de los niños

He de reconocer que organizar las cenas de mis peques es algo que a veces me cuesta. Es el final del día y en pocas horas hay que organizar baños, alguna que otra lavadora, preparar uniformes, agendas del día siguiente y un sinfín de cosas. Todo ello generalmente sin ayuda porque, salvo el fin de semana,  cuando mi marido llega del trabajo los peques ya están dormidos.

Aunque alguna vez he dejado paso a la improvisación, generalmente dejo las cenas organizadas. Mientras que con Inés y Blanca todavía es fácil, un biberón y algo sólido como jamón york, tortilla francesa o pescado a la plancha, con Enrique, que tiene 6 años, tengo que pensármelo algo más para que tenga unas cenas variadas y no caer en los típicos precocinados, tan socorridos a veces.

No sé vosotros cómo lo hacéis, en mi caso lo primero que hago es hacer menús semanales con las cenas. Como Enrique come en el colegio, decido las cenas en función de lo que haya comido ese día en el cole. Es decir, si ha comido pescado al horno, le pongo, por ejemplo, una pechuga de pollo a la plancha o una tortilla francesa. Es decir, algo totalmente diferente a la comida del mediodía.

Otra costumbre que he incorporado es intentar que cene verduras de primero. Como en casa vamos siempre a la carrera, intento (digo intento, no quiere decir que lo consiga siempre 🙂 ) preparar cremas de verduras durante el fin de semana. Las congelo y esa mañana, antes de la gran evasión, dejo que se descongele uno de las tuppers. Así, a la hora de la cena ya se habrá descongelado y sólo habrá que calentarla.

En este mundo de la familia numerosa y la maternidad múltiple, he descubierto que el horno es mi gran aliado. En este sentido, me permite “despreocuparme” un poco porque mientras el pollo, el pescado o la quiche están haciéndose en el horno, puedo bañar a las niñas o jugar un poco con Enrique. Así que si eres de los que no lo utiliza mucho, te recomiendo que pruebes.

Otro de mis trucos para las cenas es añadir una ración extra de determinadas comidas que sé que mi peque se las puede tomar de cena un día, por ejemplo, lomo de cerdo al horno, carne en salsa o unas albóndigas de pescado pueden congelarse sin ningún tipo de problema y manteniendo su sabor.

Y, ¿qué pasa cuándo la inspiración no viene? porque yo no sé a vosotros, pero a veces estoy espesa y no se me ocurre nada más que tandem tortilla francesa+salchichas.  Para esos momentos, me gusta navegar por Internet  en dónde hay infinidad de páginas con muy buenas ideas.  Una de mis favoritas es  Webos Fritos , pero hay muchísimas más.

Y vosotros ¿cómo organizáis las cenas de vuestros peques?

 

 

 

 

 

 

 

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7 Consejos para preparar la maleta de niños y bebés

Entre la Semana Santa, que este año ha caído súper tarde,  y los puentes que tenemos en Madrid durante el mes de mayo, seguramente has tenido que hacer alguna maleta. En nuestra logística familiar yo soy la encargada de preparar el equipaje de los cinco y mi marido se encarga del tetris, es decir, de lograr que todo lo que nos llevamos quepa en el maletero de nuestro coche y lograr que hasta sobre espacio.

La verdad es que ese reparto de tareas es algo que nos salió solo, no nos hizo falta hablarlo, sencillamente sabíamos los fuertes de cada uno. En mi caso, llevo haciendo maletas media vida y mi marido es de esa clase de personas que son capaces de lograr espacio cuando el resto del mundo no es capaz ni de encajar un cepillo de dientes. Dicho esto me imagino que ya sabréis quién se encarga en nuestra casa de organizar el lavavajillas, ¿verdad?.

Preparar la maleta de un niño y de dos bebés requiere, sobretodo, mucha organización y respirar profundamente (lo de respirar profundamente es importante si las maletas las tienes que hacer con la pequeña tropilla alrededor). Ese es el punto de partida básico, el resto son consejos que espero que os sirvan:

  1. Haz una lista: Unos días antes del gran viaje haz una lista con las cosas que sabes que sí o sí, os tenéis que llevar. Cuando hayas hecho el equipaje, revisa esa lista por si no has incluido algo.
  2. Llévate básicos fácilmente conjuntables: Recuerdo que con mi mayor vaciaba el armario pero la experiencia es un grado, así que ahora opto por organizar la ropa por conjuntos que combinen bien entre ellos. Además, siempre me llevo una ropita más especial por si surge algún compromiso o vamos a algún sitio en el que haya que ir más arreglados. No obstante, si viajáis con bebés, llevaos unas 2 o 3 mudas extras.
  3. En el resto de España también venden pañales: Si os vais para un par de días, igual podéis pasar de este consejo, pero si os vais más, creo que os sirve. En nuestro caso usamos pañales para dos, así que estamos hablando de más de 80 pañales a la semana. Así que una forma de aligerar el maletero es llevar menos pañales y comprar en destino. Este consejo sirve también para las leches de fórmula y toallitas.
  4. Cuna de viaje “no itinerante”: Si os quedáis en un hotel o en un apartamento turístico suelen tener cunas, pero el “problema” surge cuando vamos a casa de familiares o amigos. En nuestro caso con el mayor dejamos una cuna de viaje en casa de los abuelos maternos y otra en la de los paternos. Ahora con las mellizas, como ya no pueden dormir juntas, necesitábamos dos más. Nos parecía un poco absurdo tener que volver a comprar dos cunas o tener que ir paseando las cunas por toda la geografía española, así que, como nuestra familia ha ido creciendo por las dos partes, Inés y Blanca utilizan también las cunas de viaje de sus primos. Si no tenéis primos, pensad en amigos, seguro que os las pueden prestar. Por cierto, este consejo, sirve también en el caso de las tronas.
  5. Resístete ante los “por si acaso”: Sé que es difícil, estáis ante la fan número 1 de los por si acaso. Pero, seguramente vayáis a un sitio en el que tendréis todos los servicios, así que evitad llenar el coche con cosas que sólo van a ocupar espacio inútilmente.
  6. Cartilla, Dalsy, Apiretal…: Lo ideal es no tener que ir al médico…pero, este si que es un “por si acaso” que sí o sí hay que incluir en las maletas.
  7. Juguetes sí, pero con moderación: No sé a vosotros, pero mi hijo mayor cuando se va de viaje prácticamente quiere una maleta para meter única y exclusivamente sus coches, pinturas, libros, etc. Mis bebés todavía no son tan independientes, así que o me pongo seria en este punto o dentro de dos años, necesitaremos una furgoneta. Así que os recomiendo que los peques se lleven algún juguete, ese peluche sin el que no pueden dormir, pero manteniéndonos firmes 🙂 Y es que al final, al menos a mi mayor le pasa, cuando nos vamos de vacaciones no paramos ni un segundo, así que poco uso se les da a los juguetes.

Espero que os sirvan estos consejos y si queréis compartir los vuestros, estáis invitados/as.

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El hermano mayor

La llegada de un hermanito a la familia es siempre una gran alegría, pero cuando eso ocurre en familias en las que hasta ese momento sólo había un niño, es necesario pensar cómo preparar al hermano mayor para los cambios que se avecinan. No todos los niños son iguales, algunos tienen celos y otros no. En este sentido no hay que dar por sentado que todos van a ser unos celosos. Es posible que penséis que soy una exagerada, pero, independientemente de que nuestro peque sea o no sea celoso, pienso que no está de más aprovechar esos meses para ir creando un vínculo especial entre el primogénito y el nuevo miembro de la familia.

Mientras están en el horno

Cuando me quedé embarazada de las mellizas fue un sorpresón. Por los dos lados de la familia teníamos antecedentes de embarazo múltiple pero, la verdad, no es algo que pensásemos que nos iba a pasar a nosotros. Así que, en nuestro caso, tuvimos que preparar a nuestro mayor no sólo para la llegada de un bebé, si no de dos. Aunque sé que no siempre es así en todas las familias, lo cierto es que en nuestro caso nos lo puso muy fácil. Porque por un lado el niño tenía muchas ganas de convertirse en hermano mayor, y por otro lado porque en casa lo vivimos con total naturalidad e intentamos hacer partícipe a Enrique de cantidad de cosas para que poco a poco fuese sintiendo más cerca a sus hermanas.

Son muchas las cosas que se pueden hacer. No voy a hacer una lista larguísima porque es posible que lo que a nosotros nos fue bien, a otros papás nos les ayude, pero sí que quiero daros algunas pistas por si os sirven. En este sentido, por ejemplo, recuerdo que nos acompañó a la ecografía de las 12 semanas (lógicamente estaba impactado), también que fue él quien eligió los primeros pijamas que le pusieron a las mellizas al nacer, fue su regalo para ellas. Además, cada día  desde que supo de la existencia de las dos nuevas hermanas las incluimos en sus oraciones de la noche. También se implicó mucho en la elección del coche nuevo (en nuestro caso, convertirnos en familia numerosa, supuso cambio de coche). Pero,  sin lugar a dudas, algo que tuvo un gran éxito fueron los regalos que le trajeron Inés y Blanca cuando nacieron. El pobre estaba fascinado pensando que en la barriguita de mamá había un centro comercial.

Ya están aquí, ¿y ahora qué?

Cuando las mellis llegaron a casa, sabíamos que hasta que nos adaptásemos a la nueva situación, nuestra vida iba a ser un poco caótica (ahora que ha pasado un año creo que lo hemos llevado bastante bien) pero, si algo teníamos claro es que debíamos intentar reservar un tiempo sólo para nuestro mayor, que en poco tiempo ha tenido que crecer muy rápido. Ir al parque sólo con él, jugar a la oca o al parchís en familia, ir al cine, a merendar o a un museo son algunas de las actividades que planeamos. A veces me lo llevo yo, otras veces se va con papá. Además, diariamente, le dejamos que se acueste un poquito más tarde que sus hermanas. Le encanta esa media hora “para hablar de nuestras cosas” como dice él.

En fin, como veis no descubro nada nuevo. Aún así espero que estas pinceladas os sirvan si vais a ampliar la familia.

 

 

 

 

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Yo quiero conciliar ¿y tú?

Llevaba mucho tiempo queriendo empezar un blog. Hay veces que necesitas un empujón para hacer algunas cosas y en mi caso el nacimiento de mis dos hijas mellizas y el tener que reorientar mi carrera profesional fueron los alicientes que necesitaba para decir, de hoy no pasa.

Son muchos los temas que vienen a mi cabeza, pero desde el primer momento sabía que tenía que comenzar este blog con un post en el que hablase de un tema que está cada vez más presente  y que, como a muchas mujeres y cada vez más hombres en España, me afecta especialmente: la conciliación.

Cada cierto tiempo la conciliación aparece en la agenda política de nuestros dirigentes y los medios de comunicación publican contenidos sobre lo bien que lo hacen otros países europeos, mientras que en España vamos todavía a la cola porque, entre otras cosas, está mejor visto aquel que pasa muchas horas en la oficina (aunque sea pasando el rato mirando el Facebook) que aquel que  organiza bien su trabajo y puede irse a casa a su hora para cuidar de sus hijos, ir al gimnasio, hacerse la manicura o sencillamente descansar en el sofá.

Personalmente pienso que esa es una de las principales causas de que en España sea tan difícil encontrar un balance entre la vida personal y laboral. Es cierto que las empresas son negocios que quieren generar beneficios y, en este sentido, me parece que las instituciones públicas deberían incentivar y premiar de alguna forma aquellos negocios que apliquen políticas reales de conciliación. Pero, todo esto será una anécdota a menos que no haya un cambio de mentalidad de toda la sociedad. Un cambio de mentalidad que vaya desde el CEO hasta el becario. Y es que cuando las empresas prescinden de aquellos empleados que se esfuerzan por conciliar y llegar a todo como si el día tuviese 36 horas, algo no funciona en nuestra sociedad. Es muy habitual escuchar “las empresas son así”, pero no señores, las empresas no son así, las personas somos así. Y es que las empresas no son algo abstracto, sino que las forman personas como tú o como yo. Así que en nuestra mano está el poder cambiar las cosas.

Dice el dicho que “las cosas de palacio van despacio” y no sé si nuestra generación, la de los nacidos a finales de los 70 y principios de los 80, veremos grandes cambios en este punto. Personalmente conozco varios casos muy cercanos a mí de mujeres profesionales, muy preparadas, con gran experiencia internacional, con masters de prestigiosas universidades y un gran dominio de idiomas cuya maternidad les ha supuesto una defenestración profesional o incluso el despido.

¿Cuándo cambiarán las cosas? cuando nosotros realmente queramos que cambien.