Yo quiero conciliar ¿y tú?

Llevaba mucho tiempo queriendo empezar un blog. Hay veces que necesitas un empujón para hacer algunas cosas y en mi caso el nacimiento de mis dos hijas mellizas y el tener que reorientar mi carrera profesional fueron los alicientes que necesitaba para decir, de hoy no pasa.

Son muchos los temas que vienen a mi cabeza, pero desde el primer momento sabía que tenía que comenzar este blog con un post en el que hablase de un tema que está cada vez más presente  y que, como a muchas mujeres y cada vez más hombres en España, me afecta especialmente: la conciliación.

Cada cierto tiempo la conciliación aparece en la agenda política de nuestros dirigentes y los medios de comunicación publican contenidos sobre lo bien que lo hacen otros países europeos, mientras que en España vamos todavía a la cola porque, entre otras cosas, está mejor visto aquel que pasa muchas horas en la oficina (aunque sea pasando el rato mirando el Facebook) que aquel que  organiza bien su trabajo y puede irse a casa a su hora para cuidar de sus hijos, ir al gimnasio, hacerse la manicura o sencillamente descansar en el sofá.

Personalmente pienso que esa es una de las principales causas de que en España sea tan difícil encontrar un balance entre la vida personal y laboral. Es cierto que las empresas son negocios que quieren generar beneficios y, en este sentido, me parece que las instituciones públicas deberían incentivar y premiar de alguna forma aquellos negocios que apliquen políticas reales de conciliación. Pero, todo esto será una anécdota a menos que no haya un cambio de mentalidad de toda la sociedad. Un cambio de mentalidad que vaya desde el CEO hasta el becario. Y es que cuando las empresas prescinden de aquellos empleados que se esfuerzan por conciliar y llegar a todo como si el día tuviese 36 horas, algo no funciona en nuestra sociedad. Es muy habitual escuchar “las empresas son así”, pero no señores, las empresas no son así, las personas somos así. Y es que las empresas no son algo abstracto, sino que las forman personas como tú o como yo. Así que en nuestra mano está el poder cambiar las cosas.

Dice el dicho que “las cosas de palacio van despacio” y no sé si nuestra generación, la de los nacidos a finales de los 70 y principios de los 80, veremos grandes cambios en este punto. Personalmente conozco varios casos muy cercanos a mí de mujeres profesionales, muy preparadas, con gran experiencia internacional, con masters de prestigiosas universidades y un gran dominio de idiomas cuya maternidad les ha supuesto una defenestración profesional o incluso el despido.

¿Cuándo cambiarán las cosas? cuando nosotros realmente queramos que cambien.

 

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