Adiós chupete: cómo lograr que ese momento no sea traumático

No sé qué pensaréis pero el chupete, o “tete” como le llamamos coloquialmente en mi casa, es maravilloso tanto para los niños, que quedan relajadísimos mientras chupetean, y nosotros los padres, porque nos da cierta tranquilidad. Tranquilidad que se traduce, por ejemplo, en tiempo para dormir no os digo 8 horas seguidas, pero al menos 6 de una forma medianamente digna.

En fin, que nuestras mellizas todavía son adictas al tete, con 15 meses no esperaba menos, pero llegado el momento haremos lo mismo que hicimos con Enrique. Cuando a mi mayor le quitamos el tete estaba en su último curso de guardería, le faltaba poco para cumplir los tres años. La verdad es que durante el día apenas se acordaba del chupete (en la guarde no lo usaba), pero al llegar a casa igual que uno se lava las manos o se pone sus pantuflas, mi mayor cogía su “tete”. Por supuesto para dormir lo quería si o sí y como por la noche se le cayese al suelo y no lo encontrásemos el berrinche era fino.

Si bien es cierto que el niño podía haber seguido un poco más de tiempo, creímos que Enrique estaba ya preparado para decirle adiós al chupete. Hay padres que optan directamente por el método que yo llamo “tirita fuera”, es decir, quitarle el chupete y ya está. Se mentalizan de que esa noche no van a pegar ojo. En nuestro caso, aunque el pater familias era más de esa opinión, en mi caso quise edulcorarlo un poco. En parte porque en mi caso mis padres optaron por el método “tirita fuera” y, creedme, recuerdo que, aunque no llegaba a los tres años y yo era, según mis padres, una niña buenísimas, la lié parda. Vaya, que la niña del exorcista era Heidi a mi lado 🙂

Así que ese día llegó. He de reconocer que no fue premeditado, sencillamente surgió. Siempre he tenido una gran capacidad para inventarme cuentos y esa habilidad fue de gran ayuda ese día.

Imaginaos un sábado cualquiera. Habíamos pasado la tarde fuera por lo que Enriquillo no se había llevado su tete. Al llegar, mi chiquitajo empezó a buscarlo. El chupete se había caído debajo de la mesa auxiliar del salón y cuando estaba a punto de cogerlo para dárselo, en vez de eso, lo escondí y empecé a buscarlo con él. Como obviamente no lo encontrábamos, le dije: “Enriquillo, está claro hijo, el tete no está. El ratón del tete se lo ha llevado”. El chiquillo me miraba ojiplático “¿ratón de qué…?, me preguntaba. Y le expliqué “el ratón del tete es un ratón que viene a las casas cuando sabe que un niño ya está preparado para dejar de usarlo. El ratón viene y se lleva el tete para dárselo a algún bebé que lo necesite y no tenga”. No veía yo a mi mayor convencido al 100 por cien, así que le añadí un poquito más de creatividad y le dije. “pero, ¿sabes qué? cuando el ratón del tete va a una casa, ese mismo día o al día siguiente te trae un regalo en compensación”. A mi briboncillo esa explicación pareció gustarle más y empezó a buscar su regalo. Lógicamente no había porque eso es lo que tiene la improvisación pero, al día siguiente, a la vuelta de la guarde, Enriquillo se encontró un cochecito de carreras que, aún hoy, recuerda que se lo trajo el “ratón del tete”.

Y ahora pensaréis, ¿cómo fue esa noche? pues la verdad, esa noche durmió bien. Y ya está. Se terminó el tete.

Unas semanas más tarde, hablé con una mamá amiga que también quería quitarle el chupete a su  hija, de la misma edad que Enriquillo. Le conté cómo lo había hecho yo y probó. El resultado fue estupendo.

Así que, si os estáis planteando quitarle el chupete a vuestros hijos, os recomiendo que invitéis a vuestra casa al “ratón del tete”. Nosotros lo invitaremos de nuevo llegado el momento.

 

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Un comentario en “Adiós chupete: cómo lograr que ese momento no sea traumático

  1. Hola María. Hay que ver las argucias que inventamos los papás para que nuestros hijos dejen el chupete, en nuestro caso fue una gaviota la que se lo llevó un día, tengo que admitir que la idea se la copié de uno de mis hermanos que a ellos, viendo que una gaviotas se llevaba un bocadillo de la playa, le dijo a mi sobri que se iba a llevar su chupete, otros de mis hermanos lo hicieron “tirita fuera” y el “hada de los chupetes” jaja pero la idea de la gaviota me gustó más, es más de nuestra tierra.
    Te cuento, yo ya iba avisándola poco a poco que ya era mayor, que cuando los niños se hacen mayores ya no necesitan chupetes y que cuándo ésto ocurre viene una gaviota y se lleva los chupetes para dárselos a sus bebés (por que es de todos conocido que los bebés gaviota adoran los chupetes ) un día, al llegar a casa nos dimos cuenta de que estaban las ventanas abiertas y faltaban todos los chupetes (los de recambio también jeje) debió entrar la gaviota en casa y se los llevó para sus bebés, no pasa nada, me decía…en casa de la abuela hay, así que cojí el teléfono y llamé a la abuela.. vaya! en casa de la abuela también entró la gaviota!! Qué lista es…como sabía que allí había uno!. Con sus casi tres añitos.. ella toda resuelta me decía, pues vamos a su casa a buscarlos! entonces cojimos el ordenador, y su padre con toda la paciencia del mundo, le explicó dónde vivían las gaviotas y como no, todo el mundo sabe que viven en Cíes, y que desde nuestra casa a Cíes.. pues era un poco difícil llegar, así que con toda su congoja.. asumió que no había chupetes, ni siquiera de repuesto, que no podía llegar a dónde viven las gaviotas por que no tenemos barco y que las gaviotas bebés también necesitan los chupetes, esa noche durmió sin chupete y feliz, eso sí… cada vez que ve una gaviota…. jajaja.

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